viernes, 4 de febrero de 2011

ALBERT CAMUS, HOMBRE REBELDE, PRIMER HOMBRE

Hablar acerca de Albert Camus es dificil para alguien gran preparacion filosofica como yo. Ya ha quedado claro que admiro a muchisimos escritores, pero Camus era algo mas que un escritor, era la voz de la conciencia, la voz de la justicia, del amor a los desheredados, de la denuncia de las dictaduras. Era un pensador acerca del sentido del mundo y la vida. Y tenia un don soberbio para transmitir, de forma clara, concisa y llana, sus ideas acerca de todo ello. Para mi, intentar describir la grandeza de Camus como escritor y pensador esta fuera de mi alcance. Para entender de lo que hablo hay que leer sus multiples novelas, obras de teatro - ¡que gran Caligula!- articulos y ensayos. Son obras clasicas inmortales. "El mito de Sisifo",  "El hombre rebelde" - clarividente descripcion del error que supuso para la humanidad llevar el nihilismo hasta sus ultimas consecuencias, denunciando nazismo y stalinismo como las dos caras del mismo monstruo nihilista, uno irracional y otro "racional", lo que le valio la enemistad de toda la elite filosofica de izquierdas de su epoca -, "La peste","El extranjero", "La caida", sus articulos en "Liberation" y "Combat" (¡que hermoso articulo aquel de la vispera de la liberacion de Paris, emociona leerlo!). Durante la guerra, la suya fue la voz de la Resistencia y la libertad (¡que gran carta la que dirigiria a un amigo aleman que habia abrazado el nazismo!), su denuncia de la guillotina y la pena de muerte, con argumentos tan logicos y aplastastes que no deja opcion a replica ni justificacion a sus partidarios.



Camus murio a los 47 años en la Provenza, en un accidente de coche. Alli, en una sencilla tumba del pueblecito mas cercano al lugar del accidente, descansa con una sencilla y humilde lapida con un simple "Albert Camus (1913-1960)". Es, seguramente, la tumba que el hubiese deseado, de ahi que su hijo Jean se haya negado a trasladarle al Panteon de Paris junto a Victor Hugo y los grandes hombres de Francia tal como deseaba el oportunista Sarkozy y Catherine, su hija. En su cartera llevaba el manuscrito de la obra que estaba escribiendo "El primer hombre", que quedo inconclusa. Lo que nos dejo, sin embargo, es la descripcion de una infancia y adolescencia argelinas, la suya propia, su superacion para labrarse un futuro a traves del estudio y el saber siendo el huerfano de un caido en los primeros meses de la Gran Guerra y una mujer de limpieza analfabeta. Todo gracias a un profesor que vio su inmenso talento y le consiguio una beca para estudiar en Francia. El joven franco-argelino, aunque argelino de corazon, enfermo de tuberculosis, volcado en su sed de justicia y de saber, se convirtio en un mito ya en vida. Es una obra hermosisima, una lectura que te llena el alma y te la acongoja porque se queda con unos puntos suspensivos que nadie pordra continuar jamas...Su Nobel es el mas merecido que se haya otorgado jamas, mal que le pesase a su ex-amigo Sartre, que rechazaria el Nobel que le otorgarian tras la muerte de Camus, simplemente porque se lo habian otorgado a Camus antes que a el, no por esa excusa anticapitalista que puso ante el mundo. Sartre era, respecto al ego, todo lo contrario a Camus. 

Pero el hecho de que Camus tuviese una conciencia insobornable no significa que no tuviese sus debilidades humanas. Jamas desaprovecho su inmenso atractivo fisico (con ese aire a Bogart y su pitillo ladeado) e intelectual (debia enbelesar con la inteligencia de su conversacion y su capacidad de seduccion) para las mujeres, en ese sentido era todo un don Juan, y alterno su vida familiar con su esposa e hijos con su amada Maria Casares, española actriz exiliada interprete de sus obras, y cuanta mujer que le atrajese. Las malas lenguas dicen que la propia Beauvoir sentia frustrada debilidad por el, pues el jamas le otorgaria sus favores...Pero, pese al sufrimiento conyugal que inflingio a su esposa Francine con sus infidelidades, el jamas la abandono, no por hipocresia burguesa que detestaba sino porque, a pesar de todo, la amaba como esposa y amiga y fue un padre inmejorable para sus gemelos, a los que inculco el sentido de justicia y humildad que llevaba marcado a fuego en su alma de niño pobre argelino. Cuenta su hija Catherine, que perdio a su padre con 14 años, que aunque en casa tenian una señora para las tareas domesticas, Camus les obligaba a respetarla tanto que incluso debian obedecer las ordenes que la señora les diese si requeria la ayuda de los niños, so pena de recibir una severa reprimenda paterna si se atrevian a contestarle mal o desobedecerla, de modo que los niños llegaron a sentir que ellos estaban al servicio de la señora y no al contrario. Nunca olvido que era hijo de una sirvienta analfabeta y nunca se avergonzo de ello, de hecho, cuando escribia lo hacia con la pena de saber que su madre nunca podria leer sus libros...

Camus a los 11 años

Camus siempre fue coherente con sus propias ideas, jamas permitio que la fama corrompiera su conciencia y se atrevio a denunciar la barbarie stalinista en una epoca en que el mito de la Union Sovietica era sagrado.  Medito sobre la libertad, la justicia, el sentido de la vida, la solidaridad. Y lucho por ellos sin temor a enemistarse con su entorno. El lo cuestionaba todo, hasta el uso de la violencia para alcanzar la justicia, como muestra en "Los justos". Si alguna vez voy a la Provenza, tengo que ir a ese pequeño cementerio a depositar unas flores donde descansa la conciencia mas preclara del siglo XX.

Gracias por llenar mi espiritu con sus articulos, ensayos, novelas, obras dramaticas, Monsieur Camus, compañero Albert. Ellos son imperecederos y mantienen vivo su espiritu. Y mi mas profunda tristeza pensando en lo que su prematura muerte nos arrebato en tanta sabiduria que ya no pudo transmitirnos. 

He aqui algunas de sus frases:

No ser amado es una simple desventura. La verdadera desgracia es no saber amar.

No camines delante de mí, puede que no te siga. No camines detrás de mí, puede que no te guíe. Camina junto a mí y sé mi amigo.

En el hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio.

Para la mayoría de los hombres la guerra es el fin de la soledad. Para mi es la soledad infinita.

El éxito es fácil de obtener. Lo difícil es merecerlo.

Un hombre sin ética es una bestia salvaje soltada a este mundo.

Una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nunca será otra cosa que mala.

La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas.

Me decían que eran necesarios unos muertos para llegar a un mundo donde no se mataría.

El hombre tiene dos caras: no puede amar sin amarse.
http

CAMUS, MI PADRE (*)


Camus con sus hijos mellizos Jean y Catherine en 1957

Hasta que murió, no supe que papá era célebre. Lo entendí a su muerte. Es desagradable. Para mí, era mi padre. Gracioso, tan gracioso. Adoraba su risa. Para los demás, Albert Camus era un mito, no un padre. La fama, de la que yo no era consciente y de la que siempre nos preservó, cayó sobre mi hermano y sobre mí y nos aplastó. Yo tenía 14 años.

Hasta que murió, no supe que papá era célebre. Lo entendí a su muerte. Es desagradable. Para mí, era mi padre. Gracioso, tan gracioso. Adoraba su risa. Para los demás, Albert Camus era un mito, no un padre. La fama, de la que yo no era consciente y de la que siempre nos preservó, cayó sobre mi hermano y sobre mí y nos aplastó. Yo tenía 14 años. Nadie, pero nadie, pensó que pudiera sentir pena. Ni siquiera mamá, destrozada. Inmediatamente después de la muerte de papá, me dijo que habría que operar a Ágata, la gata que papá me regaló cuando yo era pequeña. Aún me parece oírle canturrear: "Ágata, mi gata, que tiene unas bonitas patas…". Siempre tuvo gatitos -hasta los gatos eran libres en casa-, y nos quedábamos con las crías durante dos meses antes de regalarlas. Yo adoraba los gatitos. Mamá me dijo: "¿Qué vamos a hacer con ellos? Tu padre los regalaba. A nosotras no nos los aceptarán". Tenía razón. Comprendí entonces la vida. Y mamá hizo que operaran a la gata.
Se me planteaba un problema cuando en la escuela me preguntaban por el oficio de mi padre y yo respondía "escritor". Carpintero es un oficio, ¿pero escritor? Un hombre que se queda en casa para "hacer garabatos" en su despacho es algo muy parecido a gandul… Nos decían que no le molestáramos. Cuando lo hacíamos, casi nunca le importaba. Atento, severo también, sobre la forma de comportarse, de comer y sobre el respeto hacia los demás. Prefería con mucho las cachetadas de mi madre o de mi abuela. Cuando hacía una tontería, sabía el precio. Pagaba y, tranquilamente, volvía a empezar de cero. Con papá, bastaba una mirada de sus ojos verde marrón y de algunas palabras para que me sintiera a ras del suelo. Cuando le dije que quería hacer mi primera comunión, me preguntó si era porque creía en Dios o porque deseaba una ropa bonita y algunos regalos. De inmediato, comprendí que había cedido. "¿Crees que vas a estar guapa?" Para él, si teníamos un techo y libros, poseíamos todo lo que necesitábamos. En casa no sabíamos qué era lo superfluo. Había que pedir regalos útiles. Una cartera para Navidades, incluso una bonita cartera, no era algo desmesurado.
El último regalo de cumpleaños que me hizo mi padre fue un buró. Un hermoso buró, por supuesto… Cuando estuve muy enferma, me regaló un tocadiscos. No era su estilo y por eso me convencí de que iba a morir.
Había una señora que ayudaba a mamá. Nosotras hacíamos las camas, limpiábamos los zapatos y estábamos al servicio de esa señora. Era normal. De manera indirecta, mi padre quería que le manifestáramos el respeto por el oficio de su madre: mujer de la limpieza. Pobres, muy pobres, ni siquiera sabían que existía otra cosa. En algún lugar mi padre escribió que "la inteligencia de los oprimidos va a lo esencial". Lo esencial, en este caso, era saber si tenían el suficiente dinero para comer. No mañana, sino la misma noche. Era un mundo reducido, replegado, él se encontraba mejor fuera que dentro. Es un muchacho de Belcourt. Con sus compañeros, iba detrás de la carreta del señor Galoufa, el hombre de la perrera, para liberar a gatos y perros vagabundos. Al igual que todos los del barrio, hablaba el pataouète, el dialecto de los franceses de Argelia. El francés para él fue una conquista. ¡A los once años!, acaba la escuela primaria: su abuela quiere que trabaje para aportar algún dinerillo a la casa. Sin embargo, su maestro, Louis Germain, se había fijado en mi padre. Aboga por él y gana: papa estudiará. En el instituto y por primera vez conoce la injusticia. El barranco entre el mundo de los demás y el suyo. Más adelante, será lo mismo en Saint-Germain-des-Près. Le miran como a un piojoso y mi padre no se veía como un piojoso. Era fuerte de espíritu, pero la injusticia siempre está presente. En las fotos, la mayoría de los alumnos llevaban chalinas, esas corbatas de grandes nudos. Él no. Libre ya. Nació a la vida, creo, cuando más adelante dijo que "está la belleza y los humillados" y que no quiere "ser infiel ni a la primera ni a los segundos".
A los 17 años empezó a escupir sangre. Tuberculosis. Enfermedad mortal, enfermedad vergonzante. En esa época los tísicos se morían y eran tratados como apestados. Hasta entonces no había tenido nada, pero tenía la vida. Le parecía natural. Pero supo que incluso la vida no era tan normal. 
Se ve obligado a abandonar el fútbol que tanto le gustaba. Era portero. Lo llamaban "A ras de tierra", porque tardó en crecer. La playa de Sablettes, el mar, el sol y un increíble sentimiento de libertad en el que se mezclan el cuerpo de las mujeres, el compromiso y, desde entonces, el teatro. Y el periodismo en Argel républicain. Más adelante, escribió: "La pobreza, al principio, no fue una desgracia para mí: la luz repartía sus riquezas".
A los 23 años, y eso parece increíblemente moderno en la sociedad colonial de los años 1930, alquila una casa junto con tres mujeres, dos de ellas homosexuales. Una casa con terraza sobre la bahía de Argel. Tiene un perro, Kirk, en homenaje a Kierkegaard. Decidió que iba a escribir. Por primera vez, publica El revés y el derecho, con una tirada de 350 ejemplares. A través de una amiga de Orán conoció en 1937 a mi madre, Francine Faure. Mamá estudiaba Matemáticas en Argel. Era pianista.
Nunca me contó nada de sus primeros años con mi padre. Solo sé que siempre le quiso. Creo que él también. Hubo otras mujeres y otros amores, pero nunca la dejó. Creo que eran profundamente amigos y solidarios. Les veían como hermanos. Pienso que no era muy feliz, pero no creo que mi padre fuese el único responsable. Me dijo que siempre se habían querido y que nunca se trató de algo mediocre.
El 1 de noviembre de 1936, fundó con su amigo Pascal Pia el periódico Argel républicain. Sirvió para comer pan y sardinas… Allí publicó su serie de reportajes Miseria en la Kabilia. Se interesa por la justicia, las injusticias, los sucesos. No se lo perdonaron. Censuraron el periódico. No encuentra trabajo y se ve obligado a abandonar Argelia y marcharse a París en 1940. Trabaja en Paris-Soir, periódico "deslocalizado" en Lyon, ciudad en la que se casan mis padres. Los empleados del periódico le regalan a mamá un ramo de violetas.
Papá, víctima de una recaída de la tuberculosis, se ve obligado a instalarse en la región de Chambon-sur-Lignon, en el Pannelier. En las granjas de los alrededores, 5000 niños judíos serán ocultados y salvados por los campesinos. La Resistencia está por los alrededores y papá se une a ellos: "Lo pensé mucho y lo hice con plena conciencia, porque era mi deber". Se compromete con el movimiento Combat de Henri Frenay. Fue, al mismo tiempo, lector en la editorial Gallimard y editorialista del periódico clandestino. El riesgo era enorme. Dispone de papeles falsos bajo el nombre de "Albert Mathé", natural de Épinay-sur-Orge, hijo de Jacques y Madeleine, de profesión "redactor". Amigos suyos fueron detenidos, deportados. Algunos no regresaron. Por eso siempre dijo que no quería ser condecorado con la medalla de la Resistencia.
En 1944, mi madre conoce a María Casares. Trabajan juntos en el teatro. Su pasión amorosa es devoradora. Cuando mamá regresa de Argelia, ni mi padre ni mi madre saben cómo será el reencuentro. André Gide le alquila un piso a mi padre en la calle Vaneau. Mamá me contaba que hacía tanto frío que se formaba hielo entre las ranuras del parqué. Como quiera que fuese, mis padres debieron reencontrarse, puesto que algunos meses más tarde, en septiembre de 1945, nacimos mi hermano gemelo Jean y yo.
Papá sigue escribiendo sus libros, sus obras de teatro. María interpreta. No es asunto mío, es la vida. En casa nunca oí una sola palabra contra María. La conocí por los años 80, tras la muerte de mi madre. Yo estaba en Niza donde ella interpretaba una obra. Le envié un recado al teatro. Hablamos mucho. Nos sentíamos bien juntas. Era tan viva, cálida, alegre. Comimos chocolate. Fumaba y tenía unos accesos de tos espantosos. Al apagar un cigarrillo, de inmediato encendía otro. Mi padre y ella se parecían. Tenían el mismo amor loco por la vida, a pesar de los pesares. Resistían y la aprovechaban.
Tras la Liberación, mi padre se ve mucho con Sartre y con Beauvoir. En Saint-Germain-des-Près era una fiesta continua, bailaban y también se emborrachaban. Sin embargo, mi padre siempre tuvo la impresión de desentonar entre ellos. Es mediterráneo, nunca estudió en la École Normale y su origen no es burgués. No es del todo falso le hecho de que Sartre lo tratara de "golfillo de las calles": tenía la impresión de que se encanallaba al estar junto a su compañero Camus.
Mire esa foto de Brassaï: mi padre había puesto en escena una obra de Picasso, El deseo atrapado por la cola. Ahí están Lacan, Cécile Eluard, Picasso, Valentine Hugo, los Leiris, Sartre y Beauvoir. ¿Hacia quién dirige la mirada mi padre? Al perro.
Escribir es exponerse al malentendido y no a ser entendido. Mi padre lo sabía. Yo era una niña, pero sentía la agresividad a su alrededor. En 1951, con El hombre rebelde sacude un tabú. En aquella época no se podía uno meter con la Unión Soviética, aunque todo el mundo sabía de la existencia del gulag. Lo hacían, según decían, en nombre de la buena causa. Se callaban. Él decidió hablar. Y eso no gusta. Un día -más adelante, comprendí que fue después de la terrible polémica con Les Temps modernes cuando Francis Jeanson, por orden de Sartre, machacó el libro con increíble violencia-, un día, digo, me encuentro a mi padre en el salón, sentado en un sillón y con la cabeza gacha. Le dije: "¿Estás triste, papá?". Levanta la cabeza, me mira a los ojos y me contesta: "No, estoy solo". Nunca lo he olvidado, de tanto cómo me sublevaba. No sabía cómo decirle que conmigo no podía estar solo.
Cuando le dieron el Nobel, le pareció que era demasiado joven. "Personalmente, habría votado por Malraux". Ese día, en el instituto, todo el mundo me miraba de una forma extraña. Le pregunté a una compañera si yo tenía el dobladillo descosido o algo raro. Se rió: "¡Apareces en el Paris-Match! A mí el Paris-Match no me decía nada. No se leía en casa. No medí lo que pasaba. Mi padre se negó a llevarnos a Estocolmo a mi hermano y a mí, porque no veía la razón por la que la Academia Nobel debía pagarnos el viaje. Alquiló un esmoquin y le regaló a mamá un precioso vestido de color marfil de Balmain. Lo conservo y está un poco más color crema. Se fueron a Estocolmo ante los ojos del mundo entero. Dedicó su discurso a Louis Germain, su maestro de Argel.
Tenía su escritorio en la habitación. Papá escribía de pie, con tinta negra o azul. Pero es aquí en esta terraza, sentado en el suelo, por la mañana temprano, donde escribió El primer hombre. Frente al ciprés que sigue estando ahí.

(*) Declaraciones de Catherine Camus recogidas por Agathe Logeart para Le Nouvel Observateur (19-XI-09). Traducción de Antonio Álvarez de la Rosa
a será otra cosa que mala.
 //www.laopinion.es/2c/2010/01/30/camus-padre/268069.html

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