viernes, 4 de febrero de 2011

ALBERT CAMUS, HOMBRE REBELDE, PRIMER HOMBRE

Hablar acerca de Albert Camus es dificil para alguien gran preparacion filosofica como yo. Ya ha quedado claro que admiro a muchisimos escritores, pero Camus era algo mas que un escritor, era la voz de la conciencia, la voz de la justicia, del amor a los desheredados, de la denuncia de las dictaduras. Era un pensador acerca del sentido del mundo y la vida. Y tenia un don soberbio para transmitir, de forma clara, concisa y llana, sus ideas acerca de todo ello. Para mi, intentar describir la grandeza de Camus como escritor y pensador esta fuera de mi alcance. Para entender de lo que hablo hay que leer sus multiples novelas, obras de teatro - ¡que gran Caligula!- articulos y ensayos. Son obras clasicas inmortales. "El mito de Sisifo",  "El hombre rebelde" - clarividente descripcion del error que supuso para la humanidad llevar el nihilismo hasta sus ultimas consecuencias, denunciando nazismo y stalinismo como las dos caras del mismo monstruo nihilista, uno irracional y otro "racional", lo que le valio la enemistad de toda la elite filosofica de izquierdas de su epoca -, "La peste","El extranjero", "La caida", sus articulos en "Liberation" y "Combat" (¡que hermoso articulo aquel de la vispera de la liberacion de Paris, emociona leerlo!). Durante la guerra, la suya fue la voz de la Resistencia y la libertad (¡que gran carta la que dirigiria a un amigo aleman que habia abrazado el nazismo!), su denuncia de la guillotina y la pena de muerte, con argumentos tan logicos y aplastastes que no deja opcion a replica ni justificacion a sus partidarios.



Camus murio a los 47 años en la Provenza, en un accidente de coche. Alli, en una sencilla tumba del pueblecito mas cercano al lugar del accidente, descansa con una sencilla y humilde lapida con un simple "Albert Camus (1913-1960)". Es, seguramente, la tumba que el hubiese deseado, de ahi que su hijo Jean se haya negado a trasladarle al Panteon de Paris junto a Victor Hugo y los grandes hombres de Francia tal como deseaba el oportunista Sarkozy y Catherine, su hija. En su cartera llevaba el manuscrito de la obra que estaba escribiendo "El primer hombre", que quedo inconclusa. Lo que nos dejo, sin embargo, es la descripcion de una infancia y adolescencia argelinas, la suya propia, su superacion para labrarse un futuro a traves del estudio y el saber siendo el huerfano de un caido en los primeros meses de la Gran Guerra y una mujer de limpieza analfabeta. Todo gracias a un profesor que vio su inmenso talento y le consiguio una beca para estudiar en Francia. El joven franco-argelino, aunque argelino de corazon, enfermo de tuberculosis, volcado en su sed de justicia y de saber, se convirtio en un mito ya en vida. Es una obra hermosisima, una lectura que te llena el alma y te la acongoja porque se queda con unos puntos suspensivos que nadie pordra continuar jamas...Su Nobel es el mas merecido que se haya otorgado jamas, mal que le pesase a su ex-amigo Sartre, que rechazaria el Nobel que le otorgarian tras la muerte de Camus, simplemente porque se lo habian otorgado a Camus antes que a el, no por esa excusa anticapitalista que puso ante el mundo. Sartre era, respecto al ego, todo lo contrario a Camus. 

Pero el hecho de que Camus tuviese una conciencia insobornable no significa que no tuviese sus debilidades humanas. Jamas desaprovecho su inmenso atractivo fisico (con ese aire a Bogart y su pitillo ladeado) e intelectual (debia enbelesar con la inteligencia de su conversacion y su capacidad de seduccion) para las mujeres, en ese sentido era todo un don Juan, y alterno su vida familiar con su esposa e hijos con su amada Maria Casares, española actriz exiliada interprete de sus obras, y cuanta mujer que le atrajese. Las malas lenguas dicen que la propia Beauvoir sentia frustrada debilidad por el, pues el jamas le otorgaria sus favores...Pero, pese al sufrimiento conyugal que inflingio a su esposa Francine con sus infidelidades, el jamas la abandono, no por hipocresia burguesa que detestaba sino porque, a pesar de todo, la amaba como esposa y amiga y fue un padre inmejorable para sus gemelos, a los que inculco el sentido de justicia y humildad que llevaba marcado a fuego en su alma de niño pobre argelino. Cuenta su hija Catherine, que perdio a su padre con 14 años, que aunque en casa tenian una señora para las tareas domesticas, Camus les obligaba a respetarla tanto que incluso debian obedecer las ordenes que la señora les diese si requeria la ayuda de los niños, so pena de recibir una severa reprimenda paterna si se atrevian a contestarle mal o desobedecerla, de modo que los niños llegaron a sentir que ellos estaban al servicio de la señora y no al contrario. Nunca olvido que era hijo de una sirvienta analfabeta y nunca se avergonzo de ello, de hecho, cuando escribia lo hacia con la pena de saber que su madre nunca podria leer sus libros...

Camus a los 11 años

Camus siempre fue coherente con sus propias ideas, jamas permitio que la fama corrompiera su conciencia y se atrevio a denunciar la barbarie stalinista en una epoca en que el mito de la Union Sovietica era sagrado.  Medito sobre la libertad, la justicia, el sentido de la vida, la solidaridad. Y lucho por ellos sin temor a enemistarse con su entorno. El lo cuestionaba todo, hasta el uso de la violencia para alcanzar la justicia, como muestra en "Los justos". Si alguna vez voy a la Provenza, tengo que ir a ese pequeño cementerio a depositar unas flores donde descansa la conciencia mas preclara del siglo XX.

Gracias por llenar mi espiritu con sus articulos, ensayos, novelas, obras dramaticas, Monsieur Camus, compañero Albert. Ellos son imperecederos y mantienen vivo su espiritu. Y mi mas profunda tristeza pensando en lo que su prematura muerte nos arrebato en tanta sabiduria que ya no pudo transmitirnos. 

He aqui algunas de sus frases:

No ser amado es una simple desventura. La verdadera desgracia es no saber amar.

No camines delante de mí, puede que no te siga. No camines detrás de mí, puede que no te guíe. Camina junto a mí y sé mi amigo.

En el hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio.

Para la mayoría de los hombres la guerra es el fin de la soledad. Para mi es la soledad infinita.

El éxito es fácil de obtener. Lo difícil es merecerlo.

Un hombre sin ética es una bestia salvaje soltada a este mundo.

Una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nunca será otra cosa que mala.

La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas.

Me decían que eran necesarios unos muertos para llegar a un mundo donde no se mataría.

El hombre tiene dos caras: no puede amar sin amarse.
http

CAMUS, MI PADRE (*)


Camus con sus hijos mellizos Jean y Catherine en 1957

Hasta que murió, no supe que papá era célebre. Lo entendí a su muerte. Es desagradable. Para mí, era mi padre. Gracioso, tan gracioso. Adoraba su risa. Para los demás, Albert Camus era un mito, no un padre. La fama, de la que yo no era consciente y de la que siempre nos preservó, cayó sobre mi hermano y sobre mí y nos aplastó. Yo tenía 14 años.

Hasta que murió, no supe que papá era célebre. Lo entendí a su muerte. Es desagradable. Para mí, era mi padre. Gracioso, tan gracioso. Adoraba su risa. Para los demás, Albert Camus era un mito, no un padre. La fama, de la que yo no era consciente y de la que siempre nos preservó, cayó sobre mi hermano y sobre mí y nos aplastó. Yo tenía 14 años. Nadie, pero nadie, pensó que pudiera sentir pena. Ni siquiera mamá, destrozada. Inmediatamente después de la muerte de papá, me dijo que habría que operar a Ágata, la gata que papá me regaló cuando yo era pequeña. Aún me parece oírle canturrear: "Ágata, mi gata, que tiene unas bonitas patas…". Siempre tuvo gatitos -hasta los gatos eran libres en casa-, y nos quedábamos con las crías durante dos meses antes de regalarlas. Yo adoraba los gatitos. Mamá me dijo: "¿Qué vamos a hacer con ellos? Tu padre los regalaba. A nosotras no nos los aceptarán". Tenía razón. Comprendí entonces la vida. Y mamá hizo que operaran a la gata.
Se me planteaba un problema cuando en la escuela me preguntaban por el oficio de mi padre y yo respondía "escritor". Carpintero es un oficio, ¿pero escritor? Un hombre que se queda en casa para "hacer garabatos" en su despacho es algo muy parecido a gandul… Nos decían que no le molestáramos. Cuando lo hacíamos, casi nunca le importaba. Atento, severo también, sobre la forma de comportarse, de comer y sobre el respeto hacia los demás. Prefería con mucho las cachetadas de mi madre o de mi abuela. Cuando hacía una tontería, sabía el precio. Pagaba y, tranquilamente, volvía a empezar de cero. Con papá, bastaba una mirada de sus ojos verde marrón y de algunas palabras para que me sintiera a ras del suelo. Cuando le dije que quería hacer mi primera comunión, me preguntó si era porque creía en Dios o porque deseaba una ropa bonita y algunos regalos. De inmediato, comprendí que había cedido. "¿Crees que vas a estar guapa?" Para él, si teníamos un techo y libros, poseíamos todo lo que necesitábamos. En casa no sabíamos qué era lo superfluo. Había que pedir regalos útiles. Una cartera para Navidades, incluso una bonita cartera, no era algo desmesurado.
El último regalo de cumpleaños que me hizo mi padre fue un buró. Un hermoso buró, por supuesto… Cuando estuve muy enferma, me regaló un tocadiscos. No era su estilo y por eso me convencí de que iba a morir.
Había una señora que ayudaba a mamá. Nosotras hacíamos las camas, limpiábamos los zapatos y estábamos al servicio de esa señora. Era normal. De manera indirecta, mi padre quería que le manifestáramos el respeto por el oficio de su madre: mujer de la limpieza. Pobres, muy pobres, ni siquiera sabían que existía otra cosa. En algún lugar mi padre escribió que "la inteligencia de los oprimidos va a lo esencial". Lo esencial, en este caso, era saber si tenían el suficiente dinero para comer. No mañana, sino la misma noche. Era un mundo reducido, replegado, él se encontraba mejor fuera que dentro. Es un muchacho de Belcourt. Con sus compañeros, iba detrás de la carreta del señor Galoufa, el hombre de la perrera, para liberar a gatos y perros vagabundos. Al igual que todos los del barrio, hablaba el pataouète, el dialecto de los franceses de Argelia. El francés para él fue una conquista. ¡A los once años!, acaba la escuela primaria: su abuela quiere que trabaje para aportar algún dinerillo a la casa. Sin embargo, su maestro, Louis Germain, se había fijado en mi padre. Aboga por él y gana: papa estudiará. En el instituto y por primera vez conoce la injusticia. El barranco entre el mundo de los demás y el suyo. Más adelante, será lo mismo en Saint-Germain-des-Près. Le miran como a un piojoso y mi padre no se veía como un piojoso. Era fuerte de espíritu, pero la injusticia siempre está presente. En las fotos, la mayoría de los alumnos llevaban chalinas, esas corbatas de grandes nudos. Él no. Libre ya. Nació a la vida, creo, cuando más adelante dijo que "está la belleza y los humillados" y que no quiere "ser infiel ni a la primera ni a los segundos".
A los 17 años empezó a escupir sangre. Tuberculosis. Enfermedad mortal, enfermedad vergonzante. En esa época los tísicos se morían y eran tratados como apestados. Hasta entonces no había tenido nada, pero tenía la vida. Le parecía natural. Pero supo que incluso la vida no era tan normal. 
Se ve obligado a abandonar el fútbol que tanto le gustaba. Era portero. Lo llamaban "A ras de tierra", porque tardó en crecer. La playa de Sablettes, el mar, el sol y un increíble sentimiento de libertad en el que se mezclan el cuerpo de las mujeres, el compromiso y, desde entonces, el teatro. Y el periodismo en Argel républicain. Más adelante, escribió: "La pobreza, al principio, no fue una desgracia para mí: la luz repartía sus riquezas".
A los 23 años, y eso parece increíblemente moderno en la sociedad colonial de los años 1930, alquila una casa junto con tres mujeres, dos de ellas homosexuales. Una casa con terraza sobre la bahía de Argel. Tiene un perro, Kirk, en homenaje a Kierkegaard. Decidió que iba a escribir. Por primera vez, publica El revés y el derecho, con una tirada de 350 ejemplares. A través de una amiga de Orán conoció en 1937 a mi madre, Francine Faure. Mamá estudiaba Matemáticas en Argel. Era pianista.
Nunca me contó nada de sus primeros años con mi padre. Solo sé que siempre le quiso. Creo que él también. Hubo otras mujeres y otros amores, pero nunca la dejó. Creo que eran profundamente amigos y solidarios. Les veían como hermanos. Pienso que no era muy feliz, pero no creo que mi padre fuese el único responsable. Me dijo que siempre se habían querido y que nunca se trató de algo mediocre.
El 1 de noviembre de 1936, fundó con su amigo Pascal Pia el periódico Argel républicain. Sirvió para comer pan y sardinas… Allí publicó su serie de reportajes Miseria en la Kabilia. Se interesa por la justicia, las injusticias, los sucesos. No se lo perdonaron. Censuraron el periódico. No encuentra trabajo y se ve obligado a abandonar Argelia y marcharse a París en 1940. Trabaja en Paris-Soir, periódico "deslocalizado" en Lyon, ciudad en la que se casan mis padres. Los empleados del periódico le regalan a mamá un ramo de violetas.
Papá, víctima de una recaída de la tuberculosis, se ve obligado a instalarse en la región de Chambon-sur-Lignon, en el Pannelier. En las granjas de los alrededores, 5000 niños judíos serán ocultados y salvados por los campesinos. La Resistencia está por los alrededores y papá se une a ellos: "Lo pensé mucho y lo hice con plena conciencia, porque era mi deber". Se compromete con el movimiento Combat de Henri Frenay. Fue, al mismo tiempo, lector en la editorial Gallimard y editorialista del periódico clandestino. El riesgo era enorme. Dispone de papeles falsos bajo el nombre de "Albert Mathé", natural de Épinay-sur-Orge, hijo de Jacques y Madeleine, de profesión "redactor". Amigos suyos fueron detenidos, deportados. Algunos no regresaron. Por eso siempre dijo que no quería ser condecorado con la medalla de la Resistencia.
En 1944, mi madre conoce a María Casares. Trabajan juntos en el teatro. Su pasión amorosa es devoradora. Cuando mamá regresa de Argelia, ni mi padre ni mi madre saben cómo será el reencuentro. André Gide le alquila un piso a mi padre en la calle Vaneau. Mamá me contaba que hacía tanto frío que se formaba hielo entre las ranuras del parqué. Como quiera que fuese, mis padres debieron reencontrarse, puesto que algunos meses más tarde, en septiembre de 1945, nacimos mi hermano gemelo Jean y yo.
Papá sigue escribiendo sus libros, sus obras de teatro. María interpreta. No es asunto mío, es la vida. En casa nunca oí una sola palabra contra María. La conocí por los años 80, tras la muerte de mi madre. Yo estaba en Niza donde ella interpretaba una obra. Le envié un recado al teatro. Hablamos mucho. Nos sentíamos bien juntas. Era tan viva, cálida, alegre. Comimos chocolate. Fumaba y tenía unos accesos de tos espantosos. Al apagar un cigarrillo, de inmediato encendía otro. Mi padre y ella se parecían. Tenían el mismo amor loco por la vida, a pesar de los pesares. Resistían y la aprovechaban.
Tras la Liberación, mi padre se ve mucho con Sartre y con Beauvoir. En Saint-Germain-des-Près era una fiesta continua, bailaban y también se emborrachaban. Sin embargo, mi padre siempre tuvo la impresión de desentonar entre ellos. Es mediterráneo, nunca estudió en la École Normale y su origen no es burgués. No es del todo falso le hecho de que Sartre lo tratara de "golfillo de las calles": tenía la impresión de que se encanallaba al estar junto a su compañero Camus.
Mire esa foto de Brassaï: mi padre había puesto en escena una obra de Picasso, El deseo atrapado por la cola. Ahí están Lacan, Cécile Eluard, Picasso, Valentine Hugo, los Leiris, Sartre y Beauvoir. ¿Hacia quién dirige la mirada mi padre? Al perro.
Escribir es exponerse al malentendido y no a ser entendido. Mi padre lo sabía. Yo era una niña, pero sentía la agresividad a su alrededor. En 1951, con El hombre rebelde sacude un tabú. En aquella época no se podía uno meter con la Unión Soviética, aunque todo el mundo sabía de la existencia del gulag. Lo hacían, según decían, en nombre de la buena causa. Se callaban. Él decidió hablar. Y eso no gusta. Un día -más adelante, comprendí que fue después de la terrible polémica con Les Temps modernes cuando Francis Jeanson, por orden de Sartre, machacó el libro con increíble violencia-, un día, digo, me encuentro a mi padre en el salón, sentado en un sillón y con la cabeza gacha. Le dije: "¿Estás triste, papá?". Levanta la cabeza, me mira a los ojos y me contesta: "No, estoy solo". Nunca lo he olvidado, de tanto cómo me sublevaba. No sabía cómo decirle que conmigo no podía estar solo.
Cuando le dieron el Nobel, le pareció que era demasiado joven. "Personalmente, habría votado por Malraux". Ese día, en el instituto, todo el mundo me miraba de una forma extraña. Le pregunté a una compañera si yo tenía el dobladillo descosido o algo raro. Se rió: "¡Apareces en el Paris-Match! A mí el Paris-Match no me decía nada. No se leía en casa. No medí lo que pasaba. Mi padre se negó a llevarnos a Estocolmo a mi hermano y a mí, porque no veía la razón por la que la Academia Nobel debía pagarnos el viaje. Alquiló un esmoquin y le regaló a mamá un precioso vestido de color marfil de Balmain. Lo conservo y está un poco más color crema. Se fueron a Estocolmo ante los ojos del mundo entero. Dedicó su discurso a Louis Germain, su maestro de Argel.
Tenía su escritorio en la habitación. Papá escribía de pie, con tinta negra o azul. Pero es aquí en esta terraza, sentado en el suelo, por la mañana temprano, donde escribió El primer hombre. Frente al ciprés que sigue estando ahí.

(*) Declaraciones de Catherine Camus recogidas por Agathe Logeart para Le Nouvel Observateur (19-XI-09). Traducción de Antonio Álvarez de la Rosa
a será otra cosa que mala.
 //www.laopinion.es/2c/2010/01/30/camus-padre/268069.html

miércoles, 2 de febrero de 2011

IAN McEWAN, SEÑOR DE LA LITERATURA BRITANICA ACTUAL

Ian McEwan (1948- )
La literatura britanica actual cuenta con grandes escritores cuyas obras perviviran en el futuro: Julian Barnes, Martin Amis...y el gran Ian McEwan.

He de decir que me encanto "Arthur y George", de Julian Barnes, y Martin Amis es de bandera, pero, con su permiso, yo estoy enamorada de Mr. McEwan.

Descubri a Mr. McEwan como autor de la novela en la que se basa la exquisita pelicula "Expiacion". Traicion, culpa y expiacion. Soberbia.

 Lei la novela y quede tan asombrada por la originalidad de una trama narrada con una deliciosa prosa llena de oficio y talento. Bien, pense, puede que sea cuestion de suerte...Asi que procedi a leer "Chesil Beach". No, no era cuestion de suerte. En unas pocas paginas, Chesil Beach, la luna de miel mas hermosamente triste que se haya leido jamas, se revela como una de las obras maestras del presente siglo XXI. Bueno, puedes pensar, su tematica parece rondar en torno a amores desgraciados. Asi que tome "El inocente", "Amsterdam" y "Sabado". Y ahi ves que McEwan es capaz de abordar cualquier tema, hasta el mas truculento, la critica mas descarnada, sin perder su estilo personal. Si bien "Amsterdam" y "Sabado" son las mas famosas, personalmente me parece impactante "El inocente". Sobre todo su capitulo 18, el capitulo que convierte una trama en apariencia "normal" acerca del espionaje en plena guerra fria en una novela negra que te pone los pelos de punta y que justifica el titulo. Lei ese capitulo sin sospechar lo que me esperaba un dia de verano sobre la hierba de un parque, rodeada de arboles y pavos reales, y no me di cuenta de que estaba oscureciendo y de que apenas podia leer ya. ¡Que desazon, tener que dejar ese absorbente relato en sus ultimos capitulos por falta de luz...McEwan, a mi, una persona que detesta las escenas de horror, que soy incapaz de ver una pelicula de terror, me metio en aquella sordida habitacion berlinesa para que fuese testigo incredulo de lo que es capaz de hacer un infeliz enamorado me saco de alli para hacer con el infeliz  un paseo delirante por Berlin digna de la mejor comedia negra a cuenta de unas cajas de contenido inconfesable y de las que no habia manera de deshacerse disimuladamente por culpa de ese h...de p... llamado azar que puede arruinar el plan mejor preparado. No es la primera vez que McEwan trata el genero mas negro, como descubri en su mas joven novela "Jardin de Cemento".

Puede decirse que, en general, las novelas de McEwan se caracterizan por reflejar la lucha de sus protagonistas por adaptarse a las crueles realidades del mundo. La lucha por la supervivencia no solo ante el mundo sino ante los propios demonios interiores que todos llevamos dentro. 

McEwan tiene una profundidad imaginativa asombrosa y es un escritor con sello propio. Si te engancha -y es dificil que no lo haga- ya no puedes resistir la tentacion de no leer otra novela suya en cuanto te topas con ella. Tiene una elegancia tal, una sensibilidad y una carga psicologica tan fantasticas que sus historias me resultan irresistibles. Es un escritor digno de Nobel, sin ninguna duda.

Para que veais que no solo amo lo decimononico...

lunes, 31 de enero de 2011

¡QUE VIVA EL COMISARIO MONTALBANO Y SU PADRE, ANDREA CAMILLERI!!

No soy de novelas policiacas. Hasta la gran Agatha Christie acaba resultando repetitivamente sorprendente y al contrario. Pero cuando a una historia policiaca la rodeas de un contexto tan divertidamente humano como esa imaginaria pequeña ciudad siciliana llamada Vigata y pones al frente de su comisaria a ese socarron y "de vuelta de todo" comisario Salvo Montalbano junto a su equipo de colegas irrepetibles como el mujeriego Mimi, el eficaz buscadatos - "funcionario de registro civil", como le llama Montalbano- Facio y el divertidisimo carabineri Catarella, capaz de arruinarte una cita por darte mal los datos de la llamada telefonica y de anunciar a los visitantes que se presentan en la comisaria "personalmente en persona" con dos horas de retraso, aunque experto en todos los ordenadores, cuando el comisario deja perder un "papel" por una esquina para ayudar a alguien a quien la ley solo pone trabas burocraticas y disimula el haberse olvidado de la cita con su amada novia -a la que es muy fiel pese a los tejos que recibe a su alrededor- inventando en el momento una cita inexistente con el jefe mientras lamenta que con la conversacion se le este enfriando una de sus delicatessen culinarias y si ese mismo comisario es capaz de presentarse en casa de Don Balduccio, el gran capo local, para obtener cierta informacion como quien la obtiene de un vulgar soplon, aceptando la existencia de don Balduccio con la naturalidad con que acepta el maravilloso sol y mar sicilianos, en ese caso, esa ya es algo mas que una novela policiaca, es una simple gozada, y el autor de esa gozada, de esa mirada ironica y socarrona sobre el mundo es Andrea Camilleri, un anciano escritor que tiene prohibido morirse porque esta condenado a darnos una entrega tras otra de nuestro querido Montalbano y su troupe.

Y no se trata de que las novelas de Montalbano sean un conjunto de anecdotas. Al contrario, las novelas de Montalbano tratan los temas mas sordidos que una pueda imaginarse : trafico de organos humanos, incestos, asesinatos, narcotrafico... Salvo Montalbano, que debe su apellido al homenaje que su autor hizo a su gran amigo Vazquez Montalban, es un detective honrado e incorruptible que, sin tomarse a si mismo muy en serio, y muy tocado en el fondo por las miserias humanas con las que su trabajo le ha hecho lidiar, desencantando frente a la corrupcion politica y la falta de escrupulos de los indeseables de todo tipo, sabe enfocar sus casos con una logica producto de su experiencia y su conocimiento de la naturaleza humana que deja asombrados a sus congeneres descubriendo el caso...en ocasiones viendose impotente para hacer detener al pez gordo, aunque desenmascarandole. Pero Salvo no ha perdido su humor socarron ni su afecto por la gente que le rodea, no ha perdido sus valores y, desde luego, no se cree el sheriff de Vigata, sino el vecino que tiene que hacer limpieza cuando le toca y que sabe hacerla bien, incluso si tiene que enfadar al jefe. Enamorado sin remedio de una mujer a la que no sabe cuidar como desearia por la tipica torpeza de la naturaleza masculina frente al misterio del alma femenina y, por eso, lo bastante listo para no arriesgarse a perderla por una ocasion al vuelo. Amigo, jefe y hasta, en ocasiones, padre de sus subordinados -hasta de reconciliador de parejas le toca oficiar al pobre a veces-, que le admiran con razon.

Andrea Camilleri
El Montalbano televisivo


Andrea Camilleri, gracias a Salvo Montalbano, hace durisimas denuncias de un mundo cruel, sin ningun tipo de miramiento, pero sin ese aire de "que serio soy" de los Wallander, las piradas Salander y demas fauna nordica que parece que ha decidido que para denunciar la sordidez humana en una novela hay que lograr que al terminar el lector necesite tomarse un whisky para quitarse la depresion. En la vida, los delincuentes mas repugnantes se mueven en medio de gente de lo mas normal, con sus vidas, humor y relaciones normales. Eso es lo que atrae realmente del mundo de Vigata. El lector tiene derecho a horrorizarse con las realidades que descubre Montalbano y, al mismo tiempo, reir con las ocurrencias de su telefonista, como sucede en la vida misma. Eso no es trivializar el horror sino mostrar el mundo tal y como es, no solo sus sombras sino tambien sus luces.

Naturalmente, la sabiduria humana de Andrea Camilleri no se limita a Montalbano. Tiene novelas independientes hermosisimas que merecen la pena. Pero no hay duda de que ha creado un personaje y un universo, Montalbano y su querida Vigata, que le han inmortalizado para siempre, aun antes de que, a su edad, un dia de estos nos desobedezca y se marche para siempre, seguro que con la misma sonrisa ironica de   Montalbano. ¡Espero que no antes de meter a Montalbano a incordiar a Berlusconi y sus belinas!

Gracie, gran Andrea!

MI "ENCUENTRO" CON SANDOR MARAI

Como la mayoria de mis descubrimientos literarios, tope con Sandor Marai por casualidad en una biblioteca y una novela deslumbrante: "El ultimo encuentro". Ese largo monologo de ese anciano que ha pasado 40 años esperando el momento de hacer una pregunta al amigo hermano del alma que le traiciono -y no el por que, que ya lo sabe, sino otra cosa que solo ese amigo puede contestarle- antes de morir, es una de las obras cumbres de la literatura de todos los tiempos. Esa profundidad en la descripcion del alma de esas dos personas, intimamente unidas hasta la muerte pese a la traicion y la distancia fisica y temporal de 40 años, ese estudio de las miserias que esconden las pasiones humanas, ese tour de force psicologico lleno de dolor por el desencanto, esa impotencia que todos sentimos de no poder estar seguros de saber realmente quien es esa persona a la que amamos y que creemos conocer, ese arte, sin duda, solo esta en manos de genios como Sandor Marai. "El ultimo encuentro" contiene la belleza de la cruel verdad, expresada de una forma absolutamente fascinante. Por no hablar de las paradojas de la vida expresadas en "Divorcio en Buda", esa pregunta que todos nos hacemos pensando en si la vida que hemos construido es realmente la que deseabamos aunque asi lo creyesemos. Esa duda de si fuimos lo bastante ciegos para no ver la oportunidad de atrapar la vida que realmente hubiesemos deseado, por muy satisfechos que nos sintamos de lo que tenemos.



Sandor Marai, simplemente, quita la respiracion. Te sumerge en esos monologos que desnudan el alma del personaje, que te llenan de intriga y admiracion a medida que los velos de esa alma se van levantando hasta desnudarla... Solo un grandisimo escritor puede atrapar de tal manera a un lector sin llenarle de accion y dialogos inconsistentes. Solo alguien muy sabio es capaz de hacer retratos psicologicos tan autenticos que llegas a verte reflejado en ellos.

Es una lastima que el propio Marai decidiese irse de este mundo antes de que llegase su hora. Claro que en eso, el tenia derecho a la ultima palabra, desde luego. Hungaro universal que te hace creer en el talento y la sabiduria humanas.

Os adjunto un articulo acerca de el y su mundo, que explica que fuese capaz de escribir semejantes novelas asombrosas. No lo dudeis, no os lo perdais.


CRÍTICA

La intensa vida de Sándor Márai

LUIS FERNANDO MORENO CLAROS 12/11/2005
Vota
Resultado Sin interésPoco interesanteDe interésMuy interesanteImprescindible 2850 votos
Imprimir Enviar
  •  
  •  
  •  
 
El escritor húngaro fue un autor de éxito. Aunque en España sus obras sólo se han conocido desde la reciente publicación de El último encuentro, Márai fue un intelectual burgués y humanista que abandonó su país en 1948, huyendo del comunismo, para instalarse en Estados Unidos donde se suicidó. Esta biografía repasa su rica trayectoria.
El escritor húngaro Sándor Márai (1900-1989) goza en la actualidad de gran éxito en España. Sus novelas El último encuentro, La herencia de Eszter, Divorcio en Buda, El amante de Bolzano y La mujer justa, así como su autobiografía Confesiones de un burgués (todas en Salamandra), cautivan a un publico variado en virtud de algo que las caracteriza: la magia que sólo tiene la "gran literatura". De estructuras similares -extensas conversaciones y largos monólogos-, densas y cuajadas de pensamientos brillantes; teatrales, "psicológicas", de escasa acción y peripecia, y hasta de tono melodramático y sentimental, las novelas de Márai son, con todo ello, absorbentes y difíciles de soltar una vez que nos sumergimos en sus páginas y nos dejamos atrapar por sus meandros. Las palabras de sus personajes cautivan y seducen; tal como debieron de seducir las de su creador -así se atestigua- cuando hablaba en sociedad, pues solían ser pausadas y bien meditadas, incisivas, lúcidas e insoslayables. Aun así, voces críticas muy solventes opinan que en la mayor parte de estas celebradas novelas de Márai todo queda finalmente en fuego de artificio desvanecido en humo; no les falta razón, pero lo cierto es que el espectáculo es hermoso y nunca banal. Por otra parte, siempre permanece el aura y el recuerdo de ese ambiente que recrean, aquel mundo europeo de los años de entreguerras, mezcla de cosmopolitismo y grandiosa decadencia burguesa que, como en los relatos de Stefan Zweig, pertenece a una época que hoy nos parece elegante y romántica, un paraíso con cierto olor a podrido ya perdido para siempre.
      El escritor y su mujer
      Ampliar
      El escritor y su mujer- LEGADO MÁRAI

      SÁNDOR MÁRAI

      Ernö Zeltner
      Traducción de Elisa Renau
      Universitat de València / Universidad de Granada Valencia, 2005
      212 páginas. 28 euros

      La noticia en otros webs

      Así que debido a la popula-

      ridad de Márai en nuestro país, resulta muy oportuna la publicación de esta breve biografía ilustrada, elaborada por un reconocido especialista húngaro, editada con gusto y bien traducida. El autor se propone retratar a Márai como ser humano y repasar los diversos episodios y épocas de su vida, siempre oscilante entre la dedicación al arte y las imposiciones del destino, determinado por los avatares políticos de la convulsa Europa del siglo XX. Pero si el lector obtiene una idea ciertamente clara de cómo fue el hombre Márai, echará de menos saber, aunque sea de manera somera, algo más sobre su obra, los motivos concretos de la escritura de tal o cual novela o, al menos, una breve reseña y una cronología de todas ellas.
      En cuanto al retrato humano, Márai no fue un escritor aureolado por el "malditismo" ni tampoco un marginado social desconocido o un mártir político; al contrario, fue en general un señor cabal y mesurado, consciente de su ascendencia burguesa y dedicado en cuerpo y alma a la tarea que le gustaba y que sabía desempeñar a la perfección: la literaria. En ella volcaba su habilidad y su mucha sabiduría, nacida de la atenta observación de los sentimientos y las relaciones humanas. Desde muy joven -siempre fue mal estudiante por demasiado curioso y avispado- lo sedujeron la lectura y el periodismo. Su padre, un gran abogado de la ciudad húngara de Kaschau (hoy en Eslovaquia con el nombre de Kosice), le permitió salir al extranjero en cuanto tuvo edad de estudiar. Hasta los 23 años, cuando se casó con una mujer judía y de acaudalada familia burguesa, "Lola", a la que amó intensamente y con la que convivió hasta la muerte de ella, sesenta años después, Márai residió en Budapest y en varias ciudades alemanas (su lengua materna era el húngaro, pero dominó desde pequeño el alemán), Leipzig, Weimar, Múnich y Berlín, que fueron sus escuelas de vida y sabiduría. Allí pasó unos años de aprendizaje bohemio, entre escritores y cafés de artistas, ganándose el sustento con la escritura de artículos periodísticos, crónicas, prosas breves y poemas. Unos años en París, durante la dictadura de Horthy, lo hicieron popular en Hungría gracias a las crónicas que enviaba desde el extranjero. En los años treinta se estableció en Budapest y, obsesionado por el trabajo, comenzó a producir novela y teatro, de modo que en los cuarenta gozaba ya de fama extraordinaria, casi comparable a la de Thomas Mann o Stefan Zweig. Cada nueva obra suya era un éxito de ventas, se traducía a todos los idiomas cultos (incluso al castellano hubo traducciones tempranas que hoy son desconocidas). Márai disfrutaba de una vida acomodada, conducía un automóvil y vivía en una amplia y hermosa casa.

      Cuando los nazis accedieron

      al poder en Alemania, el escritor húngaro fue uno de los primeros en oponerse abiertamente a Hitler con contundentes artículos. Enseguida vio lo que se le venía encima a Europa, por un lado, con Hitler y, por otro, con Stalin. Sin embargo, a él la crueldad de la guerra no le tocaría de lleno hasta 1945. Después de la invasión alemana de Hungría, frente a tantas atrocidades perpetradas por los invasores secundados por fascistas húngaros, Márai escribió en su diario: "De hecho, los alemanes son magos. Han acertado a realizar el milagro de que cualquier ser humano decente espere honestamente y lleno de anhelo a los rusos, a los bolcheviques que llegan como libertadores". Estos "libertadores" no se metieron con él de momento, dada su fama. Pero con la ocupación soviética de Hungría y con el establecimiento del régimen comunista, la estrella de Márai comenzó a declinar. Tachado pronto de escritor "decadente y burgués", aquel europeo individualista y cosmopolita, de ideales humanistas, jamás pudo plegarse a la uniformización colectivizada que aceptaban la mayoría de sus colegas, y en 1948 abandonó Hungría definitivamente para instalarse en Italia.
      El desmoronamiento político y moral de su patria bajo el yugo comunista y la vida errante que llevó junto a su esposa durante las últimas décadas de su vida -terminaron instalándose en Norteamérica, en Nueva York y, finalmente, en San Diego- contribuyeron al aislamiento de Márai. Continuó escribiendo diarios y alguna otra novela, y gracias a sus colaboraciones radiofónicas con la emisora Radio Europa Libre su voz llegaba a menudo al otro lado del "telón de acero", pero la vejez y la pérdida paulatina de sus seres queridos minaron su espíritu hasta agotarlo por completo. Cambió el régimen en su país y Márai volvió a ser reconocido, recibiendo ofertas para regresar a la patria, pero ya era tarde. Se disparó un tiro en la cabeza en cuanto supo que ya sólo podría seguir viviendo ingresado en un hospital y dependiente del cuidado de otras personas. Poco después de su muerte caía en 1989 el muro de Berlín.